Laura Marling / A Creature I Don’t Know

8,5

A principios de 2010 Laura Marling soltó el mayor farol que un músico puede marcarse: publicaría dos álbumes de estudio en un mismo año. No fue de extrañar que la cantante y compositora se lanzase de esta manera a la piscina, ya que por aquel entonces apenas contaba con veinte años y, a pesar de mostrar una madurez sorprendente en sus composiciones, su patente juventud dejaba claro que la soberbia y el riesgo suicida típicos de la misma pululaban en su interior como en cualquier otra chica de su misma edad. La realidad es que tuvo que recular y ha tenido que pasar algo más de un año para que este esperado disco, A Creature I Don’t Know (2011), esté por fin en nuestras manos.

Tal vez el mayor problema, y acierto también, de Laura Marling es su insultante juventud. Como una Miley Cirus del folk Laura parece pretender constantemente dejar clara su madurez, aunque con mucho más acierto que la ex Hanna Montana. Su voz, dura y formada, la acompaña en su empeño, así como sus intrincadas letras y esas melodías que prescinden de estribillos pegadizos y que, en cambio, necesitan de varias escuchas para ser digeridas y poder apreciarlas en su plenitud. A Creature I Don’t Know es ese intento de madurez que no termina de cuajar pero deja patente el gran potencial con el que nos puede sorprender y reconfortar en sucesivas entregas.

“Sophia”, el primer single oficial, hacía entrever que Laura había decidido aunar el sonido de sus dos álbumes anteriores en este último. Sobria y áspera en su comienzo – solamente a voz y guitarra -, el paso de los minutos – con la entrada de la banda al completo y los coros -, acaba transformándola en una canción de corte luminoso, como si quisiera seguir la estela intimista y sosegada de I Speak Because I can (2010) en su inicio para terminar con el pop-indie de Alas I Cannot Swim (2008). Aunque tras escuchar el álbum al completo la conclusión a la que llegamos es que los 10 cortes que lo componen son una amalgama de sonidos de complicada escucha, al menos, para alguien que acaba de toparse por primera vez con su propuesta. Las florituras instrumentales con toques näifs de “Ghost” parecen haber desaparecido en aras de la sencilla oscuridad creciente de su, hasta ahora, mejor canción, “My Manic An I”. No obstante, lo cierto es que quizás este álbum sea el que más variedad de instrumentos y arreglos presenta, pero esta vez – y de forma muy acertada – están ahí no para ser escuchados con detenimiento sino para servir de apoyo al lucimiento vocal y compositivo de Marling.

“Night After Night” nos la muestra desnuda, sin más artificios que voz y acompañamiento de cuerda, aunque es en cortes como “My Friends” donde realmente demuestra su valía para liderar su proyecto en solitario y no ser una mera corista de “Noah And The Whale”. El modo de enfrentarse a la guitarra, con rapidez y de forma repetida en sus notas, recuerda a aquel austero “Devil’s Spoke” con el que trató de demostrar su crecimiento musical, pero es en el momento en que hace su aparición el acompañamiento instrumental y coral cuando la infantiloide chispa y luminosidad adolescente de su primer álbum renace y nos rendimos, en su conjunto, a una Laura Marling pletórica. Pero no todo es una mejora y mescolanza de sus dos anteriores trabajos, pues “The Beast”, con guitarras eléctricas y un mayor protagonismo para la percusión, abre el camino a unas composiciones más crudas, de mayor potencia y fuerza, que casan a la perfección con la personalidad de la cantautora y podrían guiar su futuro camino. Por su parte, “The Muse”, es un inicio de álbum complicado que puede provocar el rechazo a la escucha del resto de cortes, con una estructura diferente a la totalidad de canciones de su escasa discografía quizás habría sido más preferible situarla en un punto intermedio del tracklist, en el que el oyente ya estuviese inmerso en su propuesta y no encontrase dificultoso enfrentarse con algo más intrincado. Y es ahí donde tal vez deba esmerarse más la compositora, en crear una obra con un principio y un fin coherente que no nos haga dudar en que nos enfrentamos a un todo y no a canciones separadas unas de otras.

A Creature I Don’t Know es un gran paso adelante en la carrera de Laura Marling, pero ni mucho menos es su paso definitivo. Las expectativas en su futuro están muy altas, y su valía y juventud nos hacen pensar en que tarde o temprano podrá convertirse en una nueva reina del folk femenino, en la línea de la gran Joni Mitchell. Crucemos los dedos.