El árbol de la vida

The Tree of Life (Estados Unidos, 2011)
Director: Terrence Malick
Intérpretes: Brad Pitt, Jessica Chastain, Sean Penn
Guión: Terrence Malick
Producción: Dede Gardner, Sarah Green, Grant Hill, Brad Pitt, Bill Pohlad
Música: Alexandre Desplat
Montaje: Hank Corwin, Jay Rabinowitz, Daniel Rezende, Billy Weber, Mark Yoshikawa
Fotografía: Emmanuel Lubezki
Duración: 139 minutos

El árbol de la vida, ganadora de la Palma de Oro en el Festival de Cannes, está obteniendo opiniones totalmente polarizadas: o la amas o te provoca rechazo. La narrativa no lineal, el paralelismo entre la creación de la vida en el universo y la propia vida de un ser humano, la abstracción de las imágenes y los sutiles detalles del argumento con los que Malick juega en su última película probablemente no son aptos para el aficionado medio. La propia página web de la película da la siguiente sinopsis, desarrollada algo más en el tráiler:

El Árbol de la Vida es la historia impresionista de una familia del Medio Oeste americano en los años 50. La película sigue la vida del mayor de los hijos, Jack, desde la inocencia de la infancia hasta una madurez sin ilusión, mientras intenta reconciliarse con la complicada relación con su padre (Brad Pitt). Jack (interpretado como adulto por Sean Penn) se siente un alma perdida en el mundo moderno, buscando respuestas a los orígenes y al significado de la vida así como cuestionándose la existencia de la fe.

Dada la fuerte división de opiniones que ha generado la película, y la multitud de artículos en los que se detalla e intenta explicar qué quiere contarnos la película, en GROARL hemos decidido dejar que cada miembro de la redacción que lo desee escriba unos breves párrafos con su opinión sobre ella.

James Cole:

Terrence Mallick es malvado. Lleva muchos, muchísimos años queriendo engañar al mundo y eso es despreciable. Después de tanto tiempo seguramente se haya engañado a sí mismo y se crea sus propias divagaciones. Por desgracia es muy respetado por todo el mundo y se puede permitir hacer películas con grandes estrellas, pero sobre todo con grandes equipos técnicos. Envuelve la nada que es El árbol de la vida con unas imágenes de una definición extrema para que el vacío de sus desproporcionadas pretensiones pase desapercibido. Debería haberse quedado haciendo lo que fuera que le ocupara el tiempo durante esos 20 años que estuvo sin rodar películas entre Días del cielo y La delgada línea roja.

Keitza:

Dicen que a Terrence Malick o lo adoras o lo odias, no sé en que grupo estaré porque es la primera película suya que veo pero sí puedo decir que  ha sido toda una decepción. Cuando voy al cine espero que me sorprendan, me emocionen, me hagan reír, llorar, disfrutar como una enana con un blockbuster, etc, ninguna de estas cosas sucedió en este caso. Se puede decir de ella que tiene una fotografía impoluta, maravillosa (inserte aquí cualquier adjetivo calificativo que la ensalce) y nada más, está totalmente vacía. También se dice que es minimalista, intimista y poesía pero yo lo único que veo es que carece de argumento, o al menos de uno que me haga interesarme mínimamente por la trama. Una pena.

David Lastra:

El árbol de la vida se ha convertido en el Uncle Boonmee de 2011. La película que todo aquel cateto cinematográfico con ínfulas debe aplaudir. Al igual que Iñárritu en 21 gramos, Malick parece haberse olvidado el guión y nos embarca en un viaje psicodélico que ríete tú de 2001. Tanto la fragmentación del film como los movimientos de la cámara no son atisbos de su supuesta genialidad, sino que no son nada más que fuegos de artificio de aquel que no tiene qué contar. La supuesta profundidad que nos quiere mostrar Malick en su película se pierde entre tanto autobombo e imagen bonita. Su mensaje nos interesa menos que el de Mel Gibson en La Pasión (encuentro muchas similitudes entre el ego de ambos). Es la única película de dinosaurios que me ha aburrido.

Jorge:

La última película de Terrence Malick son más de dos horas de imágenes visualmente apabullantes, y ahí se queda. Es parecido a meterse en Flickr a ver las fotos más populares y ponerse música clásica de fondo, hilando entre las imágenes la historia del universo y de la vida humana. Es realmente fascinante ver cómo explica paso a paso el nacimiento y desarrollo de la vida en nuestro planeta, aunque sin la clásica voz del narrador de los documentales.

Se dice que esta obra es poesía, pero debería aportar también un argumento, en teoría sobre la infancia de Jack O’Brian y su relación con sus padres. Y en las más de dos horas que dura, la historia se diluye demasiado, ni emociona ver a Antonia Gavilán de Logroño. Cuando al releer la sinopsis para enterarme veo que el señor Malick no ha profundizado más, dando sólamente unas pocas pinceladas más, sólo me quedan un montón de imágenes preciosas sobre el concepto de la vida. El árbol de la vida acaba siendo ideal para elegir nuevo fondo de pantalla o para probar la calidad de tu nueva televisión de plasma y tu reproductor de blu-ray, o para entretener a los clientes en la sala de espera.

Fuertecito:

Este vacuo ejercicio onanista no nos deja exhaustos porque nos haga sentir la inmensidad indescifrable que es el mundo, el universo o la vida, sino porque su propuesta se agota en los dos primeros minutos, y lo que sigue es insoportable. Me niego a creer posible alcanzar algún tipo de plano espiritual superior con esta experiencia de vídeo arte que podría estar perpetrada por cualquier estudiante de cine con ínfulas de visionario. El riesgo asumido por Malick a la hora de construir la historia de esta familia de anuncio de Colhogar (¿les habrá gustado esta película a los que criticaban María Antonieta precisamente por esto?) no es experimentación, no es deconstrucción narrativa, ni arte y ensayo. Es un inabarcable quiero y no puedo en el que lo único que se salva son… ¡¡los dinosaurios!! (aunque acaben convirtiéndose en otro vehículo para el repugnante pseudo existencialismo de Malick). El árbol de la vida ofrece vías fáciles hacia el auto conocimiento y esa esquiva sensación de plenitud. Falsos caminos que si aceptamos sin pararnos a reflexionar nos llevarán a una cómoda e impuesta consciencia de nosotros mismos. Así que pensad, por favor. Sentir está sobrevalorado.

Juanfra:

La psicología, y los profesionales que se dedican a ella, mediante diversos estudios y experimentos han tratado durante años de demostrar las relaciones de causalidad directa entre estímulo y respuesta. El miedo, el deseo o, en contraposición, la no-reacción son algunos de los ejemplos más representativos de respuestas estudiadas en estas investigaciones. Provocar una acción, determinada sensación en un ser vivo, es una tarea difícil que requiere de una gran dedicación; es en esta línea donde El árbol de la vida se erige como una obra maestra. Terrence Malick, como un Pavlov con su campanilla, nos expone a su última obra, e inmersos en ella, reaccionamos cual perro babeando. La causa-efecto ha sido comprobada. Se habla mucho de una fotografía exquisita, no tanto del guión, y menos de las interpretaciones, pero todo ello pasa a un segundo plano cuando aparecen – incluso durante la primera media hora de la película, que ya tiene mérito – los diversos ítems a observar (el más destacado sería el denominado “bostezo”, pero también podríamos citar “divagaciones”, entendidas como huídas momentáneas de la mirada).

El árbol de la vida, o el eslabón perdido del Aburrimiento. A veces el ser humano siente tedio y no entiende el por qué, la respuesta está bien clara: porque está viendo la última de Malick, o porque en una acción incomprensible ha decidido recordar su visionado.