George

Hoy se estrena en España (en los pocos cines a los que llegue) el último proyecto de Martin Scorsese, George Harrison: Living in the material world, que ya se presentó en el Festival de San Sebastián.

El documental está dividido en dos partes. Puede parecer una tontería señalar este detalle, y más comenzar una crítica con ello, ya que es bastante lógico contar con un descanso en una cinta de 210 minutos de duración; pero creemos que en realidad este simple detalle es el que define la calidad de la película.

Scorsese dedica una primera parte a repasar brevemente la infancia de Harrison y centrarse más en su carrera junto a los Beatles. El problema es que cualquiera que haya seguido un poco a los cuatro de Liverpool conoce todas estas historias de memoria, dejando aparte que los testimonios de sus compañeros tratan más de sí mismos que del pequeño George. Tras el descanso, pasamos a la época post-Beatle, de la que se ha escrito menos y en la que encontramos anécdotas desconocidas y más centradas en George (aunque siguen siendo entrevistas con artistas, a los que les cuesta un poco dejar de hablar de sí mismos y recordar que están ahí para contarnos cómo era Harrison). Por lo novedoso y por el interés de la historia, consideramos que tiene mayor calidad esta segunda parte, en la que conocemos mejor al músico.

Si alguien conoce el documental por excelencia sobre los Beatles, The Beatles Anthology, reconocerá en Living in the material world la estructura del Anthology: entrevistas a los personajes, cortes de los que no pueden estar, canciones… y todo unido con imágenes y noticias de la época. La película comienza así, pero luego va olvidando estas otras imágenes complementarias y nos deja con la duda de si antes las había incluido para rellenar. También el documental mete descartes de entrevistas que se hicieron a George para el Anthology, lo que agradecemos (y nos preguntamos cuántos más descartes habrá que no nos han dejado ver).

George Harrison era un músico completo, alguien que tuvo siempre muy claro que la música sería su vida y se dedicó a ello en cuerpo y alma. Pero también tuvo un interés principal en encontrar a Dios, lo que trató durante toda su vida, tanto a través de la música como de otros métodos que fue conociendo (la meditación… y sí, también el LSD). George Harrison. Living in the material world nos enseña a este hombre que, como sus amigos, familiares y compañeros dicen, era un hombre de extremos, pacífico y agresivo por tiempos; cuya aportación principal a los Beatles fue la de equilibrar el grupo que, sin él, se habría balanceado interminablemente entre Lennon y McCartney, quienes pretendían llevar el camino del grupo a su propio terreno.

Scorsese ya se ha metido varias veces en el “rockumental”, con cintas como The last waltz (sobre The Band) o Shine a Light, con los Rolling Stones, pero estos documentales tenían como línea argumental un concierto de la banda en cuestión. Esta vez, se acerca al músico en su totalidad, recreando su vida y su trabajo en tres horas y media que se pasan en un suspiro, y demuestra una vez más que Harrison no murió en 2001, porque cada vez que oímos una de sus canciones, cada While my guitar gently weeps, es única y es como si acabara de componerla y la oyéramos por primera vez.