Melancholia

Melancholia (Dinamarca, Suecia, Francia y Alemania, 2011)

Director: Lars von Trier
Intérpretes: Kirsten Dunst, Charlotte Gainsbourg, Alexander Skarsgård, Brady Corbet, Charlotte Rampling, John Hurt, Stellan Skarsgård, Udo Kier, Kiefer Sutherland
Guión:Lars von Trier
Producción: Meta Louise Foldager y Louse Vesth
Música: Richard Wagner
Montaje: Molly Marlene Stengaard
Fotografía: Manuel Alberto Claro
Duración: 136 minutos

Somos tan melancólicos

“Tengo la impresión de que la película es aburrida. Cuando la veo, me gusta, pero…” Lars Von Trier

La factoría Bruckheimer-Bay nos ha matado con meteoritos, riadas, terremotos, volcanes y otras cosas… pero, ¿qué terminará con nosotros este 2011 (justo un año antes de lo predicho por los mayas)? Nuestra propia melancolía, mejor dicho, un planeta gigantesco y azul llamado Melancholia que representa nuestra ansia. Muérete Sartre. Esta imagen tan poética es la base de la última película de Lars von Trier y uno de los experimentos más arriestados de su filmografía. El problema es que la poesía suele caer en el ridículo si no se sabe jugar bien las cartas… y en este caso el maestro no lo ha logrado.

La repetición del tándem Von TrierCharlotte Gainsbourg después de la exitosa y polémica Anticristo y la desaparición del proyecto de Penélope Cruz sentaba los cimientos para que esta fuese la película de 2011. Es muy probable que realmente lo sea (para el que aquí escribe lo es, pese a que después de leer esta crítica parezca lo contrario) y que el verdadero problema sean las altas expectativas, pero no debatiremos sobre eso en este momento. Tanto los tráilers como las primeras imágenes promocionales provocaron ríos de tinta (y de otros efluvios). Von Trier lo había vuelto a lograr, otra obra maestra. El premio a mejor actriz para Kirsten Dunst y su malentendido sobre el nazismo en Cannes hicieron que Melancholia se convirtiese en el estreno más esperado de otoño de este año, con permiso del Tintín de Spielberg.

Las luces se apagan y los ocho minutos iniciales provocan los primeros movimientos en la sala de butacas. Cámara lenta y reproducción de todas aquellas imágenes. Una selección de grandes éxitos de cuadros e imágenes romanticistas que inspiraron al danés durante la creación de la cinta. Caballos resignados, novias enmarañadas, y Wagner, herr Richard Wagner. Su Tristán e Isolda  insufla de devastador dramatismo a toda la cinta, un recurso que funciona a la perfección durante esta impecable introducción. El onanismo Von Trier se dispara hasta cotas que superan la intro-pornográfica en blanco y negro de su predecesora.

Como en sus últimas cintas, la película se estructura en cuadros (Brecht vuelve a revolverse en su tumba). El enlace de Justine (una impecable Kirsten Dunst que se come a todo aquel que comparte escena con ella) y Michael (un sosísimo y perdido Alexander Skarsgård) se construye en base a pequeñas situaciones cómicas que pierden todo su fuelle a medida que el metraje avanza. El director vuelve a probar con ese humor que aparecía de soslayo en The Kingdom y que protagonizó El jefe de todo esto, saliendo bastante mal parado. Cada aparición de John Hurt y Charlotte Rampling es más horrible que la anterior. Desaprovechar dos pesos pesados con diálogos tan extremadamente ridículos y carentes de gracia como el del brindis debería estar penado. Dimes, diretes, meadas y polvos en el búnker de un campo de golf que nos llevan a nada. Una retahíla de incoherencias, sandeces y desmesura que no sirve para nada más que para mostrarnos los problemas mentales de Justine. En resumen, un ‘previously on…” peor que los de Ringer.

El meollo del asunto se descubre tras una elipsis de unos meses. La nueva realidad no solo nos muestra una Justine destrozada e incapaz (es aquí cuando el papel de Kirsten se confirma como carne para premios), sino que un gigantesco planeta llamado Melancolía se acerca a la Tierra con altas posibilidades de colisionar. Es en este momento en el que Claire, la hermana interpretada por Charlotte Gainsbourg (la única que logra aguantar la presencia de Dunst), toma el mando. La simple conversación telefónica que abre este segmento hace que la parte previa sea completamente innecesaria. Una escena que resume a la perfección lo que supone Melancholia, una constante repetición de argumentos potentes que pierde toda su fuerza y termina por aburrir al respetable.

Von Trier nos conduce con rumbo inerte al Apocalipsis gracias al hastío de Justine ante el mundo. Una inquebrantable pose que sólo logra cambiar su impertinente y odioso sobrino. La composición de las tres figuras ante el planeta azul es intachable (¿la Tierra terminará con nosotros mismos?). Una poderosa estampa que intenta esconder la completa ausencia de fuerza del momento. En esta ocasión no nos interesa lo que le ocurra a las dos hermanas (el niño debería haber muerto hace mucho tiempo), es una muerte ‘made in Hollywood”. Una búsqueda empática acorde al nivel de gratuidad dramático del film. Leo también moría al final, cuando el barco se iba al garete. Ellas hacen lo mismo.

http://www.youtube.com/watch?v=Am4Da5r4L_M