My Brightest Diamond / Al Things Will Unwind

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Estamos ante un agigantado paso adelante para esta artista. Es sorprendente no porque no la amemos, sino porque sus dos últimos trabajos (su segundo álbum y Penelope, la colaboración con Sarah Kirkland) fueron pasos atrás con respecto a su genial debut. Con A Thousand Shark’s Teeth comenzó a dar rienda suelta a sus ansias de recargar las canciones, de hacerlas mucho más barrocas, pero se le escapó de las manos y dio lugar a un disco pesado. La perspectiva de un nuevo trabajo que se anunciaba como aún más orquestal nos hizo desconfiar un poco, pero el resultado no podía haber sido mejor.

En el libreto de este disco Shara Worden se enfrenta a su propia marioneta justo antes de fundirse con ella. Porque el cerebro que se esconde tras My Brightest Diamond es ante todo teatro. Con teatro no queremos decir falsedad, falta de autenticidad. Su personalidad, sus gestos, su forma de hacer música, están llenas de teatralidad, es algo sin lo que no puede vivir. Lo demuestra en sus directos y lo explota al máximo en este último trabajo (You were there I was here / A grand puppeteer stuck it all together).

La norteamericana se ha rodeado de una pequeña orquesta de lujo, además de tocar ella misma un buen número de instrumentos. A su vez, ha sabido deshacerse de multitud de elementos para no abarcar más de lo que necesario, desnudarse como no supo hacer con su anterior LP. La percusión apenas tiene protagonismo. Podría no haber existido en ninguna canción y se habría conseguido el mismo resultado. Ahora la que encabeza el reparto de esta obra de teatro es una sección de viento que florece y se retuerce alrededor de una voz cuya belleza llega a abrumar. Los secundarios (igual de importantes que el resto) van desde la viola hasta la celesta, pasando por ukeleles y campanillas. Como invitado especial está nuestro querido DM Stith, compañero de discográfica de Shara, que adorna con su voz y su guitarra tres canciones.

El sonido general del disco está conducido por esas ansias de contar historias en un pequeño escenario en el que Worden es la maestra de ceremonias. Imprime sus canciones con rasgos del folclore, la artesanía, y la tradición teatral de muchas partes del mundo, pero ninguna en concreto. Abre el disco con “We Added It Up”, uno de los mejores cortes, que le sirve para abrir el telón y comenzar la función. En “In the Beginning” nos cuenta un cuento de la forma más básica y en “Be Brave” se lo cuenta a sí misma sin dejar el escenario para hacernos testigos de lo que le corre por sus pensamientos. “She Does Not Brave the War (but She Saves the Day)” podría formar parte del fallido Penelope, pero lo supera con creces y alcanza uno de los momentos de máxima emoción con “She does not build the fortresses or touch the farthest moon”. Cierra la función con un epílogo en forma de desnuda carta de amor. Solo están Shara y su órgano de fuelle (estar escuchando continuamente el ruido de los pedales es algo precioso), una letra básica como pocas (el propio título, “I Have Never Loved Someone the Way I Love You”, es de una sencillez extrema) y un final en el que se le unen unos sutiles coros y unas mágicas campanillas que parecen agitadas por la brisa creada por el órgano.

All Things Will Unwind ha resultado ser el mayor triunfo de Shara Worden y para ello solo ha necesitado ser ella misma más que nunca. Ha utilizado unos elementos que ya empezaron a destacar desde su segundo disco. No nos explicamos qué podría pasar para que le saliera un trabajo tan flojo, por eso quizás ahora es el momento de revisar A Thousand Shark’s Teeth, puede que nos llevemos una grata sorpresa.