Las buenas noches / Un mal día (lo tiene cualquiera)

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Algo más de dos años ha tenido que pasar para que Las buenas noches hayan decidido dar continuación a ese notable debut que fue Aventuras Domésticas (2008). Si algo dejaban claro  con aquel  disco es que es posible firmar buen folk cantado en la lengua patria, sin tener que incurrir en el intrusismo o la copia en las maneras anglosajonas que tan de moda parece estar últimamente (Russian Red, HATEM, entre otros).  A pesar de ya no ser unos desconocidos nos sigue sorprendiendo su origen: la sureña Sevilla. Y es que Las Buenas Noches no se lanzan por bulerías, no tocan las guitarras del modo común en Triana ni invitan a marcarse un espontáneo bailoteo flamenco, ellos parecen sacados de tierras más altas en el mapa; del frío y misticismo norteños.

Este segundo álbum se abre con “El fin del mundo” corte que deja claro desde el principio que Un mal día (lo tiene cualquiera) (2011) es la representación de la creciente evolución sonora vivida por el grupo en este tiempo. El autoconocimiento, a través de dos años y medio de presentación del anterior disco, se hace palpable en la primera escucha de los 11 temas que componen la totalidad del álbum. En esta ocasión los silencios de su vocalista son el mayor acierto (“La jungla”, “Crimea”) dando vía libre al lucimiento de los diversos y numerosos instrumentos utilizados. Además de los ya anteriormente usados por la banda, se adentran en nuevos terrenos con la introducción de violines (“El afilador”) y flautas (“Tucumán”) creando una consistente propuesta sonora en la que las envolventes atmósferas se postulan como sustento y cimientos de ésta y, en conclusión, el principal acierto del grupo en esta nueva entrega.

En contrapartida, la estupenda y relajada voz de Rubén Alonso ahora se torna forzada. En algunas ocasiones parece que obliga al sonido grave en las terminaciones (“El fin del mundo”, “El hombre del tiempo”) y en otras parece tener un inexplicable empeño por sonar andaluz (“Media vida”), resultando este forzado “andalucismo” demasiado chirriante para alguien que es oriundo de la capital andaluza. Las letras (uno de los mayores puntos a favor de Aventuras Domésticas) también han reducido su calidad notoriamente – ya no encontramos adaptaciones de cuentos de Edward Gorey ni relatos que parecen salidos de la tradición popular más oscura –, no obstante sí que en algunos cortes aparecen retazos de esa esperpéntica forma de expresar de antaño, como en “El afilador”: “Si tu perro muerde el hueso del pie, señal de que no lo enterraste bien/ Si el perro es negro, si tu luto no, si te olvidas de esto, mejor (…) Reír, llorar, tu navaja has de afilar (…) mujeres en vela cantan la canción, esconden cuchillos sin mala intención” o en “Oda a la seguridad”: “Todo buen ciudadano debería al menos una vez en la vida ser atropellado por su propio coche”. Aunque aparte de estas puntuales frases las canciones, en general, carecen de la capacidad para contar pequeñas historias con principio y final que atraigan al oyente.

El disco se cierra con “El día de tu boda”, corte con esencia de despedida y de escasa duración (no llega a los dos minutos y medio) en el que lo que mejor funciona es ese tono de canción popular interpretada a varias voces sin ninguna otra pretensión más que el corearla conjuntamente en cualquier plaza de pueblo.

Un mal día (lo tiene cualquiera) puede escucharse y descargarse gratuitamente (también Aventuras domésticas) en su web. Donde además pueden degustarse las deliciosas ilustraciones de Miguel Brieva (también componente del grupo) que acompañan a cada canción.