Maga / Satie contra Godzilla

7.9

A Maga se les echa en cara muchas cosas, pero suelen conseguir lo que quieren con cada disco. Después de tres brillantes trabajos (un EP y dos LP) llegó su álbum “rojo” y empezaron a dar signos de un profundo agotamiento. La falta de inspiración y la repetitividad se empezaban a notar demasiado. Después de cuatro años (nunca habían tardado tanto en editar material nuevo) regresaron con un trabajo que supuso una ruptura en múltiples aspectos. Hubo cambio de discográfica, de formación y de sonido. Incluso le pusieron un título al disco, además de ilustrarlo con una portada que poco tenía que ver con las anteriores. Ese A la hora del sol llegó con una sencillez inédita en las composiciones y en el sonido. Costó mucho digerirlo, porque era inevitable verlo como un disco menor, el enésimo intento de refrescar una carrera musical decantándose por un disco mucho más acústico que los demás. Efectivamente no estaba a la altura que sus tres primeros homónimos, pero no era nada despreciable y contenía grandes momentos como “Sal y otras historias”, “Silencio” o “Hasta despertar”. Costó acostumbrarse a esos nuevos Maga, pero mereció la pena.

Dejando pasar muy poco tiempo esta vez, menos de dos años, llegan con un disco que es el final de ese camino de ruptura que iniciaron con su anterior álbum, empezando por el desconcierto creado con la portada y el título, Satie contra Godzilla. Han creado el reverso sucio de su cuarto trabajo. Nunca habían usado una batería tan potente ni unas guitarras eléctricas tan agresivas, tanto para crear un fondo eléctrico (como en el single “El ruido que me sigue siempre”), como para arañar la canción (como en “Ver de otra manera”).

No se cortan y desde la primera canción se presentan con una contundencia pocas veces vista, con energías renovadas y con ganas de llenar nuestros oídos de guitarras durante unos escasos 35 minutos, duración perfecta para este tipo de discos. Con “El gran final” o “Desde el aire” muestran su cara más amable. Es en “Tres segundos” donde más se luce todo el grupo, ya que recuerda a los mejores momentos de sus discos rojo y blanco, con mucha presencia de “Helás (Mañana)”, de aquel añorado primer larga duración. No puedo evitar destacar esa estrofa que tanto recuerda a cuando Björk se pregunta en “Hyperballad” cómo sonaría su cuerpo estrellándose contra las rocas:

Dedicó la mitad de la tarde a determinar

si al contacto con el suelo

sonaría a metal o a madera o a cristal

el peso de su propio cuerpo

Aparte de “Tres segundos” no hay más temas que destaquen mucho sobre los demás, ya que Satie contra Godzilla es uno de esos discos llenos de singles. Quedan muy lejos “Diecinueve” o “Astrolabios” (en mi opinión una de las mejores canciones jamás hechas en el pop español), pero por ahora estamos más que contentos con este nuevo acierto. Quizás ya no sorprendan como antes con sus composiciones, sus letras, su retorcido uso de los sintetizadores o con la voz de Miguel Rivera, pero han sabido sacar el máximo partido de esta nueva etapa con sencillez y humildad (sin que eso signifique una involución, ya que es alcanzar la plena madurez) traducidas a un disco que se escucha sin esfuerzos, con perfectos juegos guitarra, voz y batería. Han querido hacer este disco y les ha salido bien. ¿Quién quiere más?