Stereoface / Face it

9.5

Esta no es una crítica fácil. Escribir sobre un disco que me ha dejado literalmente sin palabras durante mes y medio no solo es difícil, sino que puede resultar absurdo, pero intentaré decir todo lo que pueda decir:

Face it es el segundo LP de los estirios Stereoface, esperado durante dos años mientras la formación cambiaba y los músicos crecían. Y grande ha sido mi sorpresa a comprobar que este disco se aleja de las melodías britpop del anterior y demuestra una madurez musical muy superior a la que correspondería a la edad y experiencia de los integrantes de la banda.
El álbum abre con “Distress”, la que fue también primer single meses antes de que tuviéramos el disco en nuestras manos. Un pequeño engaño para los que esperábamos encontrar a los Stereoface que conocíamos; una canción en la línea de las grabaciones anteriores que nos hace confiar en que todo va a seguir igual.
Pero de ahí pasamos a “How can you know?” El abismo se abre entre la primera y la segunda pista y sale a la luz la nueva banda, que no ha abandonado sus raíces pero sí ha aprendido cosas nuevas. La voz rota de Paul Pfleger se funde con los sonidos desgarrados de las guitarras y componen un tema original y completo.
La tercera pista es “I don’t mean it”, que también conocimos antes de poder oír el álbum completo, al salir como segundo single. Sin desmerecer a la canción anterior, esta fue por fechas la primera gran sorpresa. Fue la clave para saber que este disco contenía más de lo que esperábamos y que iba a ser aún mejor. El ritmo persistente que acompaña toda la canción no se olvida fácilmente, y el guiño psicodélico de las letras (“I am not as think as you stoned I am”) nos da la clave de que estos músicos van a por todas y no se detendrán ante nada. Las letras, por cierto, están supervisadas por el productor Clive Martin, ya que el inglés no es la lengua materna de los austriacos (por si las dudas).


Seguimos con “Who needs the eye?” Alguien dijo psicodelia? Aquí tenemos una buena dosis, acompañada de letras que meten el dedo en la llaga sin ningún miramiento. Y, hablando de letras más maduras, “In the queue” nos trae una declaración cantada a su justa cadencia, que lleva a los latidos del corazón del oyente al mismo ritmo que la batería de Günther Paulitsch, excitándolos poco a poco hasta un clímax de instrumentos que no llega a calmarse hasta el último tramo de canción.
“The Soil” es la sexta pista que, al igual que “Distress”, recuerda a los anteriores trabajos de la banda aunque con una nueva visión. La sigue “Quelle horreur”, el hasta ahora último single del disco. Una canción llena de rabia en la que, como en algunas otras, podemos oír la colaboración del anterior batería, Benny Musenbichler, junto a Paulitsch.


“Love inside a Zoo” es una vieja amiga. Ya la conocíamos en directo, pero tenerla en el álbum, con sus posibilidades de postproducción, la reverberación en la voz, es lo que necesitaba. El mano a mano a la guitarra entre Pfleger y Nino Kadletz remata magistralmente el tema.
Pero llegamos a “Fool like me”, que a pesar de ser una canción muy buena y con unos sonidos de gran calidad, es la más simple del disco, con unas letras que no llegan al nivel de las demás, al igual que pasaba con “Slippin’ out on ice”, del EP 15 minutes in Stereo. Es una pena porque para cualquier otra banda, esta sería una gran canción, pero de Stereoface esperamos mucho más.
Y, como de la noche a la mañana, pasamos de “Fool like me” a “Shoes”. Shoes. Shoes, recordad este título porque tiene todas las probabilidades de formar una parte muy importante en la Historia de la Música. La música, la letra, cada sonido encaja a la perfección con el siguiente, las dos partes de las que se compone… “Shoes” también formaba parte del repertorio de conciertos hace años, pero el camino por el que ha pasado hasta formar parte del disco que oímos la ha convertido en una canción perfecta, que querríamos oír una y otra vez sin cesar.
Face it no acaba aquí, aún nos esperan “Bones” y “The Other”, la primera más introspectiva y la segunda más rockera, que rematan un álbum que roza peligrosamente lo divino.
Y digo rematan porque aquí hay otro problema. El disco no acaba con “The Other”, sino que tenemos una canción más: “Hardly”. Una canción muy lenta que está en una posición muy mala para ser apreciada como se merece. Después de escuchar todo el disco, después de todas las emociones, estamos cansados, y “The Other” nos ha dejado con sensación de conclusión, por lo que “Hardly” nos parece un bonus track y nos relajamos con ella. Pero “Hardly” se merece ser tomada en serio y escuchada con atención, disfrutar de las segundas voces en las que oímos al bajista Lukas Schneeberger junto al resto del grupo, y dejarnos romper un poquito por los llantos de las guitarras.

Como vemos, un par de fallos libran a este álbum de la perfección, pero visto el avance a zancadas del grupo, podemos temer que un próximo disco se salga de todo tipo de medidas y nos lleve a mundos con los que aún ni siquiera podemos soñar. Bravo.